lunes, 30 de noviembre de 2015

Día 19: escribe el obituario de una figura historica. La muñeca Fea

Hoy ha muerto la dignidad.
El día de ayer a las 3 de la tarde, la señora Clotilde Flores perdió la vida a sus 82 años. Se le recuerda como la joven que perdió a sus dos padres y vivió en la vieja casa de sus abuelos.
Esposa y viuda del antiguo ladrón de bancos estadounidense Cowboy Mouse, que luego de conocerla se volvió coronel.

Cuido a sus tres hijos eran apenas unos niños de leche, los alimento remendando botones y con historias por las noches. Ellos siempre me contaron de las peleas que sostenían por llegar primero al canasto y rebozo que ésta traía, luego de todo un día de regatear.

Al morir su esposo, consiguió trabajo de nana, donde la conocí y pese a mis numerosas quejas con la merienda y nata de las 7, siempre me aconsejo buscar la dignidad y belleza interna. Hoy, que mi nana y segunda madre ha fallecido, permito informar que la familia Soler está eternamente agradecida por sus cuentos viejos y acompaña en todo lo que se pueda a la familia y amigos de la fallecida.

Atentamente, su niño llorón.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Día 18: una historia que suceda en un pueblo fantasma

Camine toda la costa, hacia el sur, hacia ese sur que me llamaba con sus constelaciones, sus vientos. La playa era fría y hacía rato que el sol se había esfumado.

«¿A que me quedo?» me decía «no hay nada para mi en este lugar». Ella se había marchado, con sus silencios, sus risas, y las mías también. Fue entonces que entendí que me había perdido a mi mismo, entre las olas de una ciudad que no comprendo, aferrándome al canto de unas sirenas que jamás pude ver.

Soñaba con ser estrella, con estar sobre un escenario y cantar, que mi voz se escuchase a lo lejos hasta provocar un eco. Una vez pude hacerlo, perder el control de mi voz y dárselo todo a mi corazón. Ese instante había quedado atrás.

Desde mi principio hasta esa noche, lloré todo el tiempo. Por mi, por ti, por los sueños rotos, porque alguna vez pude haber amado ¿no debería sentirme alegre por haber sentido el amor, la esperanza? Eso dicen todo, pero aquella noche fue una atmósfera que cargaba a hombros.

Por la mañana llegue a un pueblo de chozas de palma. Sólo las olas hablaban, diciendo “Soledad” una y otra vez. Creí que eran pescadores, que se habían internado al mar y volverían por la tarde. Me senté en la orilla, bajo una palmera para así evitar las quemaduras. Recuerdo haber soñado con fantasmas que danzaban alrededor del cuerpo sin vida de ella, los fantasmas habían tatuado en su pecho las palabras puta y lejos. No pude entender porqué.

Al despertar por la tarde, me pareció ver un grupo de balsas llegar y me levante a hacerles señas. Era sólo una ilusión y aún creo probable que siguiera dormido. Cuando me hube cansado regrese a las chozas y llame sin obtener respuesta. En la primer choza que entré había un esqueleto de niño acostado y bien cobijado en un tapete. Sus huesos eran entre amarillos y verdes por un moho que lo cubría todo. Lo mismo en la segunda y la tercer choza que abrí: restos amarillos y verdes, todos cobijados. En la cuarta, hallé una cobija que trazaba con gran precisión el cuerpo redondo de una mujer. Toque lo que pudo ser su hombro y grite al sentir el hueso desnudo.

Salí y decidí continuar mi camino. El sol estaba ya pintando de rosa el mar y aún tenía que preparar lo que venía siendo mi desayuno. Con los últimos rayos del sol, pude terminar una fogata y cocinar algunas verduras que había comprado dos días antes. Nunca fuí el tipo de persona que sobreviviera con sus propias manos, así que mi mochila estaba bien preparada para el viaje.

Estaba yo comiendo cuando de pronto tuve la necesidad de voltear a las chozas: había fuego.

Deje mis comida, apague mi fogata y regresé. Los pequeños montones de huesos bailaban alrededor de la choza donde había encontrado a la mujer, todos con antorchas de palma, sin producir más sonido que el del fuego arder.

La mujer salió, aún con su cobija en hombros. «Su cadera era demasiado ancha para sus hombros, eso era lo que provocaba la obviedad de sus trazos». Volteo a verme, o la menos su cráneo veía hacia donde me encontraba. Hice un saludo. El baile se detuvo y los niños inquietos voltearon a verme, temblaban, supongo de miedo pues hacía demasiado calor con sus antorchas. Pregunte por el siguiente pueblo ¿Qué hubieran hecho ustedes? ¿correr? Eran sólo un montón de huesos de niño que apenas y podían estar de pie, tiritaban y además, si ahí moría, no podía ser peor que todo eso que había dejado en el norte.

«Tonto, si son sólo huesos ¿como podrán oírme, verme o responder?» Pero respondieron. Al menos la mujer respondió. Salió del círculo de baile y se agacho a tres pasos de mi. Con su mano derecha continúo envolviéndose con la cobija y con la izquierda trazó un mapa. Noté que en ese grupo todos eran zurdos. O quizá esa era sólo una costumbre tribal.

La mujer se levantó y volvió dentro de círculo. Leí el mapa y reconocí donde estaba, el pueblo donde había comprado mis provisiones y el siguiente. Calcule otros dos días de viaje con el paso que llevaba. Me levanté agradecí y volví a interrumpir su baile, todos voltearon a verme y la mujer volvió a salir del círculo, estiró su brazo izquierdo y me condujo hasta bien fuera de la aldea. Luego volvió.

Camine hasta que no hubo más sur al que caminar. Cuando el cielo me era tan inhóspito con sus constelaciones y sus estrellas. Cuando el frió hubo de quemarme como el sol no había hecho en todos esos meses de viaje. Fue entonces que descubrí el moho que crecía alrededor de mi cuello.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Día 17: Usa el viaje en el tiempo en una historia

Instantes

10 segundos es poco tiempo, pero a Hernán le bastaban:

10 segundos al pasado era el tiempo suficiente para seleccionar y ganar el lugar adecuado en el vagón del metro por las mañanas.

10 segundos al futuro era más que suficiente para no tener que oler ciertas calles de la ciudad.

10 segundos al pasado bastaban para saber si esa chica le correspondía un beso robado.

10 segundos al futuro bastaban para pasar por valiente en las cintas de terror.

10 segundos al pasado le bastaron para correr antes de entrar al cuarto de su madre
moribunda y 10 segundos al pasado lo hicieron recapacitar.

10 segundos al futuro lo salvaron de morir en el incendio que la dejó en la sala de urgencias.

10 segundos al pasado lo ayudaban a copiar en los exámenes sin ser sorprendido.

10 segundos al futuro le ayudaban a esperar la comida sin tener que pelear con su hermana.

10 segundos al pasado le obligaron a ver  brevemente a su padre golpear a su madre.

10 segundos al futuro le obligaron a escuchar a su padre hablar con su otra familia.

10 segundos al pasado le permitían pensar más a fondo en las reuniones de la oficina.

10 segundos al futuro le permitían no recibir los escupitajos de su jefe al hablar.

10 segundos es poco tiempo.

10 segundos es el tiempo que tardó su madre en pedirle que buscara a sus medios hermanos y otros 10 segundos el tiempo que le bastó a su padre para romperlo todo y marcharse.

10 segundos es el tiempo que permaneció inmóvil sin saber qué hacer con su hermana llorando y 10 segundos lo que duró el abrazo que se dieron. Ya no eran niños, pero como si lo fueran, esos 10 segundos fueron una eternidad.

Hernán meditaba mucho más de 10 segundos sobre qué era un instante. 10 segundos le habían bastado para repetir algún instante cientos de veces: algún beso prófugo, algún cielo en guerra, amaneceres a la orilla de un río. También, 10 segundos al pasado, tantas y tantas veces le habían permitido memorizar rostros y bromas.

Un día intentó ir de 10 segundos en 10 segundos hasta volver a ver su madre: no pudo ir más allá de un año y prefirió volver a su presente. Era un año triste, sin su hermana que había casado. Sin alguien a quién querer, aunque fuera por una noche. Y ese año había viajado más que ningún otro hacia el presente, hacia el futuro, y todo daba igual: era un año terrible.

Entonces sintió la enorme necesidad de decir "Te amo". ¿a quién? a todos. 10 segundos al pasado cada vez, incluso, a veces, 10 segundos al futuro para poder alcanzar a quien fuera su objetivo. Te amo, te amo, te amo.

Un día, Hernán está casado. Vuelve a casa de su madre. Ahí vive, pero es de ella, nunca de él. Vive sólo desde que su hermana se marchará. Hace 4 años de eso. Hernán de 10 en 10 segundos viaja hasta llegar al cuarto de su madre.

Su madre aparece como la recordaba siempre, enferma, quemada. Le sonríe y le dice su nombre. Hernán va 10 segundos al pasado para volverla a ver y ahí la encuentra. Detente, dice ella, sólo quería verte, llama a tu hermana. Su madre desaparece mientras le grita, 10 segundos al pasado y no está. 10 al futuro: sólo haya soledad.

Hernán habla a su hermana. Lo encuentra en mal estado. Se preocupa y se queda un tiempo más. 10 segundos le bastan para entender que 10 nunca han sido mucho tiempo para su hermano.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Día 16: Escribe un cuento sobre la primer canción que aparezca en aleatorio en tu reproductor

La canción es “In The Desert Of Set” del disco Teli de la banda Therion.


El gran desierto

Jasejemuy nació 20 años después de que Seth hubiera sido coronado rey de egipto. Vivía en medio de lo que solía ser el rió nilo, al menos eso creía. A sus 20 años vió el río arder por meses, haciendo huir a ranas y demás pestes hacia los pueblos, quemando primero cocodrilos y luego a los peces indefensos. Tras de sí, el fuego sólo dejó un montón de piedras, restos de la ciudad más llena de vida que los egipcios pudieran recordar.

Su familia fue al sur, él fue al norte. Aprendió a vivir del agua de rana, agua estancada repleta de ranas y sus hueva. Ahí daba de beber a los dromedarios y llenaba la espalda de agua a los camellos. Sin querer, paso de viajero a mercader del agua. Así conoció a Nephthys. Se enamoró de ella pese ser mucho más joven que ella, aunque nadie que no fuera un loco del desierto lo hubiera dicho: ella era el nilo en sus mejores crecidas, fértil como una tierra perdida en la historia.

Jasejemuy le contó que buscaba el legendario río salado, al norte, tan al norte como se pudiera llegar. “Ahí sólo encontrarás más y más oasis de ranas. Las ranas lo dominaron todo.”

Pero Jasejemuy no cedió y abandonó a Nephthys. Fue al norte hasta cumplir 40 años. Hacía tiempo que había comido a sus camellos: ya no hallaba humano con el cual comerciar. A su lado, los dromedarios florecieron en tres generaciones, a ellos los conservaba con la esperanza de tener su propia familia.

Nunca encontró el mar: sólo desierto y más desierto. Cada tres o cuatro meses encontraba ranas y sus estanques, pero a lo largo de los años había notado que los ojos de estas eran cada vez más grandes y parecían ópalos algunos, diamantes negros otros. También el desierto era diferente: la sal del norte era fría y quemaba sus manos aún más que la de su hogar.

El día que cumplió 40 años, vió a las primeras personas: hombres altos de pelo como paja. Sus ojos eran negros. Ahí comenzó la noche: el sol se volvió una niebla gris que brillaba tanto de día como de noche. Cuando la niebla alcanzó a la luna, ésta se volvió un punto negro en el eterno día. Una presagio del fin.

Los hombres le contaron que eran hijos de Nephthys y que ella mandaba a buscarlo. Tomaron a los dromedarios y entonces Jasejemuy notó que sus prendas eran de piel de rana. Sonrió, nunca se le había ocurrido tal cosa.

Caminaron como sabiendo dónde encontrar agua, pues nunca les faltó. Hacía tanto tiempo que Jasejemuy no había estado en el sur que había olvidado cómo era su cielo, lo anhelaba.

—Sabes que es el fin ¿verdad? —dijo Nephthys cuando lo vió, seguía tan fértil como antes— Lo es, querido Jasejemuy.
—Deseo una familia que cuide de mis bestias.
—No hace falta: he dicho a mis hijos que las degollaran a todas.

Jasejemuy intentó salir, pero al llegar a la puerta de la tienda distinguió el olor a sangre y los gemidos dóciles de sus animales.

—El nuevo mundo no los necesita: mi hermano es todo lo que debe quedar. Y sólo faltas tú. Pero me ha pedido que te permita ver su obra de arte.

Cuando Nephthys puso sus delicados dedos en el brazo de Jasejemuy para llevarlo fuera, éste descubrió las llagas que la nube sol le había provocado. Pensó que la muerte lo reinaba ya todo, pero al salir de la tienda su nariz le advirtió una sensación: tierra mojada, brisa.

 Fuera de la tienda y hasta donde veían sus ojos, distinguió flores rojas. “Croak” escuchó. “Croak, croak, croak” cantó el mundo y las ranas salieron de dentro las pequeñas flores. Jasejemuy piso una, dos, tres, no había otra cosa en el mundo más que él, Nephthys y esas malditas ranas. “Croak, croak, croak” Miro al suelo y vio sangre en sus zapatos, en sus pies. Las ranas se lo habían comido todo.


Día 15: Escribir sobre un extraño que veas y su vida mientras lo observas

— Estoy embarazada.

La maldición de su familia: nunca conocer más de un año a quien será su esposa por diez.
«Bueno, no ser tan malo —pensaba Octavio—. Samanta es bonita, y para ser tan bonita como es, es muy agradable. Me aflojo hasta la tercer cita así que creo que tiene modales. Va a muchas fiestas pero nunca toma y dice Aracelí —ex novia de Octavio en la prepa y ahora mejor amiga. Los presentó en su cumpleaños— que no es tan puta. Es más, hasta dijo que haciamos bonita pareja, y eso que no estaba tan peda…»

— ¿No vas a decir nada?

La mueca de Octavio parecía esa mueca que ponen los recién graduados en su primer entrevista laboral luego de la inevitable pregunta «¿Cuánto quiere ganar?» «15 mil al mes» «¡Ja! buena broma esa. Dígame ¿realmente cuánto quiere ganar?».

—Estoy muy contento —eso es el equivalente a decir al entrevistador «Sí, una broma, quiero 7 mil y trabajaré horas extra sin paga».

Habían ido al cervantino para celebrar dos meses de salir juntos y, él cuatro y ella 3, de haber terminado sus cataclísmicas relaciones pasadas. A él lo habían terminado por solicitar, de la manera más atenta —esto es, previo al primer aniversario y mientras iban a recoger los restos de su suegra a los servicios funerarios— que para su cumpleaños quería hacer un trió con una mujer latina y una mujer de color. El problema era que su entonces novia era asiática. Samanta simplemente había terminado una relación de 8 años donde su ninguno de los dos se atrevía a dar un paso más maduro en su relación.

Octavio voltea y ve, debajo de la universidad, a uno de esos miserables turistas que toman toman fotos a todo el mundo, regocijándose de sus cámaras por creer que los convierte de inmediato en artistas frustrados.

—Dame un segundo mi amor —segundo error: era la primera vez que le decía amor.

Octavio baja las escaleras hasta llegar al turista, intentando demostrar su hombría ante su mujer. «Le pediré el anillo de mi abuela. Aracelí conoce muchos diseñadores, así que su vestido será el más hermoso del mundo. Sí, no estará mal. Llevaré a mi hijo a los bailes y le enseñaré todo lo que sé de mujeres. Aunque, si es niña, le enseñaré todo lo que debe saber para que no acabe con un pendejo como su padre, y será tan bonita que nunca tendrá que hacer tarea ni deberes, ya tendrá amigos para eso.»

— Deja de tomarnos fotos a mi esposa y a mí ¡hijo de puta!

Samanta no oye lo que su estúpido novio le grita al pobre muchacho. Está triste: sería la primer mujer de su familia quien usará su embarazo para huir del matrimonio.



miércoles, 25 de noviembre de 2015

Día 14: Crea una historia sobre la vida actual de alguien encontrado en tu anuario

El día de ayer no publique el cuento correspondiente a el día 25 de Octubre, esto porque lo escribí en Evernote de mi celular mientras iba en el transporte y quedo atrapado enmedio de un bug con la base de datos del Evernote.

Por esta razón, no publicaré aún mi cuento, hasta que pueda sacar del celular lo que ya había escrito (bastante, de hecho).

Pongo el inicio del cuento, que es lo unico que se pudo sincronizar en la nube:

Miriam


Su nombre: Miriam. De piel blanca, de gasparin. Pelo negro muy lacio. Sus ojos eran negros, brillantes como faros que me decían a donde volver en medio de un océano de soledad.


martes, 24 de noviembre de 2015

Día 13: Iniciar con la frase "Me parecio ver"

Eternindad

Me pareció ver un atisbo de esperanza: en el cielo, en el fuego, a través de mi ventana, las estrellas brillan y la luna refleja mi corazón. Un gato maulla al otro lado de la calle y el bebé de los vecinos gime, como llorando y riendo, no lo sé. El café que he preparado es bueno, me despierta, me da ánimos para continuar viendo.

La memoria se pliega, se retuerce como las cobijas que voy colocando en la cama. Preparo más café, lo necesito. El hiato de nuestros corazones se desborda, se vuelve loco y nos ruega volver a la cama. Le beso el cuello, suave, de primavera.

En sus ojos veo el pasado: miedo, soledad, la locura ¿Qué más da si vive y muere? A nadie molestara. Suspira, susurra nombres, lugares, me habla del nombre de sus mascotas, las fiestas de sus hermanos. Cae en la cama, plegada como lo estaban las cobijas antes de iniciar. La envuelvo y le doy café. Espero.

En retrospectiva, no son los maullidos del gato ni los lloriqueos del nene, tampoco lo es el fuego, las estrellas, mucho menos el cielo. Es algo que halló dentro de mi, algo nuevo que da miedo. Sus recuerdos no son tan deliciosos: son fríos, trágicos ¿habrán sido sus mascotas o habrán sido las mías? Me parece ser demasiado viejo para que mis hermanos tuvieran esas fiestas.

Es la ventana la que me despierta de mi ensilamiento. Sale el sol y el café en ella la despierta a tiempo para que volvamos a dormir juntos, corazón a corazón ¡Que bella es la eternidad!